LA SILLA DE MI HABITACIÓN

Tengo una silla en mi habitación. Una de esas que, en teoría, están para sentarte y que te resulte más cómodo ponerte las botas o los calcetines. Es una silla muy mona, que compré un día pensando que me gustaba y ya le encontraría sitio. Y terminó ahí, en mi cuarto.

La idea original era la que os contaba, servir de descalzadora. Luego pasamos por una etapa en la que mi marido se levantaba mucho antes que el resto, así que dejaba la ropa del día siguiente para no despertarme al encender la luz.

Pero lo cierto es que al final me la he quedado yo. Y por más que lo intento, no consigo que esté vacía.